| En La Red, el receptor de nuestros secretos no es
el amigo/a de confianza, sino un frío servidor a muchos kilómetros de distancia. Y los
secretos no son otra cosa que palabras sueltas que permitirán ganarte su respeto. Son los
passwords o contraseñas. La primera vez que dejas en sus almacenes de RAM y ROM tus
secretos, se muestra escéptico y contesta con un "vuelva a entrar la
contraseña". Es el primer recordatorio acerca de tu condición de mortal con
tendencia a equivocarse en sus confesiones. Si te muestras suficientemente exacto, podrás
formar parte del grupo de personas privilegiadas con derecho a merodear por sus
intimidades. Pero si en alguna de tus visitas olvidas aquella palabra que sirvió en su
día para iniciar lo que prometió ser una fructífera relación, se mostrará hermético,
castigándote con la más absoluta indiferencia. Y no solo Internet se muestra ávida de
contraseñas. Las tarjetas de crédito, el teléfono móvil, el contestador automático,
la agenda electrónica, la red de la oficina, la alarma del coche o el radio cassette
entre muchos otros, se niegan a trabajar ante un propietario olvidadizo. En la lucha
para humanizar las máquinas, los gurus de la informática investigan día y noche. En el
futuro, los servidores más sabios nos abrirán sus puertas de par en par solo con vernos
sentados delante del monitor y reconocer nuestro rostro, como si se tratase de un
encuentro en el ascensor con la vecina del 4º 1ª. Incluso, los más socarrones,
contestarán con un "¿has engordado?" o recompensarán las horas de sacrificio
en la playa bajo un sol de justicia con un retintineante "¡que moreno!". Pero
mientras este día no llega, cualquier internauta está obligado a no olvidar sus
contraseñas y en este afán cada cual desarrolla su técnica personal e intransferible.
"Dime que contraseña usas y te diré quien eres".
CNET <http://www.cnet.com>, preguntó a sus lectores que contraseñas utilizaban para elaborar una
lista de las categorías más populares. Respondieron más de 1.000 usuarios y los
resultados son reveladores: El 44% confesó que usaba el nombre de alguien amado. De entre
ellos, el 31% se refería a un animal de compañía. La siguiente categoría continúa con
las cosas del querer, un 22% eligió un amor platónico o un término sexual. A
continuación el 22% estaba cautivado por alguna celebridad, el 10% por un modelo o
fabricante de automóviles, un 8% recordaba cada día un equipo deportivo al contestar su
contraseña y finalmente, queda un 4% aplicado que no olvida el nombre de su colegio.
Otras palabras menos usadas se referían a términos profesionales, películas, programas
de televisión, cuestiones religiosas, geografía, música, flora y fauna, fechas de
nacimiento e incluso la talla del sujetador de la interesada.
La condición de secreto entre persona y máquina que tienen las contraseñas, ha dado
lugar a un cyberconfesionario, en el cual las confesiones se reducen a una sola palabra y
no existe penitencia, por muy proceloso que sea el término utilizado. Un consultor en
seguridad explicó a CNET que las palabras "Love", "hate" y
"sex" son contraseñas que se pueden encontrar fácilmente y en el listado
indiscreto de los password utilizados por los empleados de una empresa, un 56% del
personal femenino usaba la palabra "baby".
Así, pues, no olvides que la contraseña puede transformarse en el talón de Aquiles
de tus datos si alguien llega a saber demasiadas cosas sobre tu personalidad.
¿Cuál es la contraseña?
Esta es la pregunta que hizo en voz alta el sustituto del contable. Debía recoger el
correo electrónico del departamento y había olvidado preguntársela antes de su partida.
-"Prueba con el nombre de su hijo", alguien contestó. Y adivinó a la primera,
porque esta era la contraseña de un padrazo que había estado ahorrando todo el año para
marcharse de vacaciones con su único hijo a Disney World.
Las advertencias sobre seguridad combinadas con el consejo de no utilizar claves
relacionadas con la vida personal del usuario, han dado como resultado un recurso muy
utilizado: darle la vuelta a la palabra. Si el nombre del novio de la secretaria de
dirección es Luis, seguro que un hacker bien informado sobre su vida sentimental probará
"siuL".
Expertos en seguridad aconsejan utilizar combinaciones incoherentes de letras y
números, evitando el típico "asdfg" o "poiuy", adivinable al momento
si alguien es observado entrando el pasword sin pestañear ni mover apenas las manos del
teclado. Por esto, los denostados hackers no siempre usan sus conocimientos en
informática. A veces, basta con tener bien despiertas las facultades de observación para
adivinar una buena cantidad de contraseñas.
Puedes buscar algún método matemático o literario para crear claves ininteligibles.
Pero no abuses, se trata de que las claves sean enigmáticas para los curiosos, no para
ti. Busca sistemas que luego puedas recordar. Si eres aficionado a las letras, seguro que
tienes algún párrafo de tu obra preferida siempre en la memoria; aprovéchalo. Toma las
iniciales de cada una de las palabras que la forman y, voilá, ya tienes
contraseña. Ahora, pon todos los sustantivos en mayúsculas y el resto en minúsculas.
Cualquier experto en criptografía se quitaría el sombrero ante tu contraseña. Los
aficionados a las matemáticas encontrarán muchos sistemas para crear secuencias lógicas
con números, por ejemplo las series de Fibonnaci, donde cada número es la suma de los
dos anteriores. Cuando tengas una cadena de números lo suficientemente larga, ya tienes
contraseña. Para complicarla todavía mas, sustituye alguno de ellos por una letra, la
que prefieras. Con sistemas como estos es posible crear claves más imposibles para los
curiosos, pero a la vez fáciles de recordar para el propietario.
Ya tienes clave para todos los lugares donde la necesites. ¿Todos? Craso error. Usar
siempre la misma contraseña es una práctica frecuente para defenderse de la locura que
supone tener que acordarse de tantas claves obligatorias en tantos lugares, quizás
demasiados. Si alguien llega a descubrir tu clave, de repente toda tu información
privada quedará a disposición de cualquier husmeador. Como mínimo, usa dos: una para
los lugares "serios" y otra para los menos importantes. Pero si decides tener
una contraseña diferente para cada lugar, necesitaras un lugar donde apuntarlas. Llegado
este punto, tienes un nuevo problema. No es aconsejable guardar contraseñas en un fichero
dentro de tu ordenador, especialmente si lo compartes con más personas. Esto significa
que debes encriptarlo para hacerlo incomprensible. Por si no fuera poco trajín tener que
buscar contraseñas originales y diferentes para cada uno de los lugares donde las
necesitas, y que no paran de crecer, ahora tienes que encriptarlas. ¡Espera, todavía no
abandones la lectura de este artículo!... existen utilidades en la red para encriptar
ficheros en un abrir y cerrar de ojos.
¿La encripto o se la lleva puesta?
La encriptación es un método para alterar el contenido de un texto hasta hacerlo
ininteligible. Debe hacerse de una forma ordenada, para luego poder restituir el texto a
su formato legible. Para ello se usan claves de encriptación. La clave es un envoltorio
que oculta la legibilidad del texto. Cuando sea necesario desenvolverlo o hacerlo legible,
se necesitará la misma clave que lo encriptó.
La encriptación puede ser útil para el fichero donde anotes tus claves, aunque su
aplicación más frecuente es para los mensajes de correo electrónico. Tanta cautela se
debe a que cualquier persona que disponga de las herramientas y conocimientos necesarios,
puede leer el correo. El servidor que los almacena, esperando a tu conexión para
descargarlos, puede ser víctima de algún merodeador fisgón. Uno de los lugares
preferidos para estos visitantes es el directorio donde el programa servidor de correo
guarda los mensajes. También existen métodos para copiar los datos que viajan por la
red, y los mensajes de correo forman parte del trafico susceptible de ser cotilleado.
Aprender a usar algún programa de encriptación puede ser doblemente útil: para los
ficheros y el correo electrónico.
El sistema más popular de encriptación es PGP (Pretty Good Privacy) creado por Phil
Zimmerman. Su éxito radica en que es fácil de usar y gratuito, aunque existe una
versión comercial. Encontrarás versiones para Macintosh, Unix y Windows en http://www.ifi.uio.no/pgp/. El sistema se basa en
dos claves: una publica y otra privada. Para crear un mensaje encriptado, debes
codificarlo con la versión pública de la clave que él previamente te ha facilitado. El
destinatario podrá descifrar el mensaje usando su clave privada. El que esté disponible
para los sistemas más populares permite utilizarlo con cualquier interlocutor, sea cual
sea la jerga de su ordenador.
Posiblemente ya has recibido algún mensaje divulgando una clave publica al pie, en la
zona destinada a la firma. El aspecto de la clave es este:
-----BEGIN PGP SIGNATURE-----
(aquí la clave)
-----END PGP SIGNATURE-----
Al incluirlo en la firma, el remitente no hacia otra cosa que invitarte a codificar los
mensajes que le envías. Para ello, deberás usar su clave pública y el programa PGP que
realiza las operaciones de encriptación. El texto resultante es el mensaje que luego el
destinatario descifrará con su clave privada.
Todos los métodos se basan en una clave que ha de ser diferente para cada consumidor,
y la preocupación principal radica en como encontrar una clave irrepetible y lo
suficientemente compleja. Silicon Graphics http://lavarand.sgi.com
ha desarrollado un sistema bautizado como Lavarand, la conjunción de lava y random (o
"aleatorio"). El sistema ideado para conseguir las claves es tan irrepetible
como las claves que consigue generar. Seis lámparas de lava, como las que se usaban para
decorar ambientes presuntamente futuristas en los años setenta, posan frente a una
cámara digital, que las fotografía a intervalos regulares. Puedes ver una foto
actualizada en http://lavarand.sgi.com/cgi-bin/how.cgi. Las formas y colores caóticos que presenta la lava en cada foto, son
procesados digitalmente hasta obtener un número, que cada vez es diferente. El resultado
puede usarse como clave para criptografía... o conseguir siete números para la lotería
<http://lavarand.sgi.com/cgi-bin/lotto.cgi>.
Cyberparanoia
Si tienes en cuenta todas estas recomendaciones, tus datos en La Red estarán más
seguros. Pero puedes ser víctima de un nuevo problema no menos importante: la paranoia de
la seguridad. Como advierte el manual de un conocido sistema operativo de red, la
seguridad total es una utopía. Si desconectas tu ordenador y lo encierras en una cámara
acorazada, con toda seguridad conseguirás la máxima protección para tus datos. Eso sí,
a costa de esquivar el beneficio que supone poder intercambiar información con cualquier
parte del mundo. No dejes que la obsesión por la seguridad sea un obstáculo para
disfrutar de todo lo Internet ofrece.
Pulso el botón eject de la unidad de CD y coloco en el un disco de Bobby
Mcferryn. La pieza número uno tiene por título "Don't Worry, Be Happy". No
mejora la seguridad de mi sistema, pero ahora estoy más tranquilo. ;-) |